No le decía muchas cosas. Sus palabras salían lentamente, pero siempre salían empujados por los sentimientos. No coincidían en muchas cosas lo que no les impedía mirar sus opiniones como complementarias dignas de conocer y no de convencer y no de combatir. No había espacio tan estrecho en el que no cupieran todas las diferencias. Cada cosa sentida y amada enriquecía a los dos y de alguna manera a todos los que entraban en contacto con ellos. Es que lo que sale desde dentro enciende a las miradas y hace que brillen los ojos. Ojos que brillan son ojos que reflejan al otro y el mundo que lo rodea. En ellos gracias a la cercanía que da el amor se puede ver más que unos simples reflejos. Cuando se callaban todas las palabras se podía escuchar el latido de corazón, la música que uno lleve dentro. No es algo que sale en cada momento, exige de los dos una afinación una sensibilidad que se gana con el amos vivido sentido y a veces llorado, con todo tipo de seguridades y todo tipo de dudas y confusiones. A veces más que palabras habla una simple presencia y actitud de aceptar y recibir respetar y tratar de comprender. Afina tus sentidos para sentir más y mejor.
Feliz jueves de pocas palabras.

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