jueves, 30 de octubre de 2014

Espinas

Adriana era de las que cuando reaccionan, reaccionan con todo. Sus palabras, bien rebuscadas parecían obras maestras de acupuntura, pero al revés. En vez de curar, dañaban, se clavaban y no dejaban vivir en paz. Lo peor de todo, impedían el acercamiento. Pues si se acercaban a otros, las palabras espinosas, se clavaban más profundamente, causando más daño. Adriana, no era mala, era víctima de su propio carácter. Ella misma, sin saber, se rodeaba de tantas espinas, para protegerse de sus propias inseguridades. La gente, que la rodeaba y tenía algún trato con ella, dejó de ver a Adriana, solo veía las espinas. No claves palabras en nadie y no te lastimarás.

Feliz jueves sin espinas

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