Manuela tenía miedo de gastar su amor. Siempre lo ocultaba, para
que no le pase nada malo. Éste sin ser usado, empezó a atrofiarse.
Dándose cuenta, que es cada vez más pequeño, le daba baños de
lágrimas. Pero las lágrimas saladas, le quitaban restos de dulzura.
Hasta que le dijeron, que para mantener el amor dulce, en buen estado
y más todavía, para hacerle crecer, hay que ponerlo entre la gente.
Las relaciones humanas, no siempre fáciles, lo estiran, lo sacuden,
lo ventilan, lo mantienen vivo y grande. Se convierte en una
almohada, en la que apoyamos la cabeza.
Feliz Domingo con buena almohada ;-)

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