Desde
que era niña le gustaba la lluvia. Lo que a otros resultaba
desagradable, les ponía tristes y melancólicos, a ella la llenaba
de alegría. Se imaginaba, que la lluvia estaba llena de ternura de
aquellos besos y caricias, que sabía que existen, que esperaba
recibir de sus padres, pero ellos nunca
llegaron a tener tiempo para dárselos. La lluvia le daba, lo que
otros le negaron. Eran las únicas caricias inocentes que ha
conocido, muy diferentes a las otras de las que tenía que huir
tantas veces. Por eso cuando llovía, salía afuera cerraba los ojos
y recibía todo el amor del mundo. Lo absorbía con cada poro de su
piel. No guardes to cariño dalo y cuelga en las gotas de la lluvia.
Feliz
miércoles de cariño
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