Nunca le ha faltado el trabajo. No se quejaba de falta de
ocupaciones. Algo bastante común en el mundo de hoy. El problema que
surgía era que todas estas cosas se estaban metiendo poniendo entre
ellos. Algunas veces dificultando la comunicación y otras impidiendo
el encuentro. Cuando eso ocurre se debe activar la señal de alarma.
Es que según el viejo dicho: “trabajamos para vivir, pero no
vivimos para trabajar”. En el trabajo nos realizamos, superamos,
escalamos en el camino de éxito, pero no podemos perder a lo que es
lo más valioso, a la familia, a los seres queridos. Por eso se debe
cuidar la ubicación, el lugar, la posición que ocupa el trabajo, en
la vida, en la mesa en los encuentros de domingo y fiestas
familiares. Si impide, si nos quita la capacidad del encuentro hay
que ver que pasa y tomar las medidas necesarias antes de que sea
demasiado tarde. Tiene una vida no lo olvides.
Feliz
martes de buenas proporciones.

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