Hace
tiempo se le había olvidado la prudencia. Abogaba siempre a su
libertad y su valor. Decía lo que quería y donde quería. Por la
misma razón decía lo que no debía en lugares donde nadie quiso
escuchar. No porque lo que decía no era cierto sino porque para cada
cosa hay momento y lugar. De eso siempre se encargaba la prudencia.
Cuidaba los tiempos y los espacios. Respetando que cada cosa tiene su
tiempo y su lugar. Para que el mensaje sea claro y llegue bien a sus
destinatarios hay que cuidar estos detalles. A veces lo que queremos
decir es tan importante que no podemos mezclarlo con todo usando las
redes. No hagamos de lo que es importante valioso personal, una
mercancía más, un objeto de consumo desechable. Cada cosa tiene su
tiempo y espacio y a veces para poder decirla bien se necesita
guardar silencio, para que las palabras que se va a decir suenen bien
con toda la claridad y fuerza. Sé prudente en tu vida cuando la
situación lo amerita.
Feliz
jueves de prudencia.

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