La vida de Antonia daba muchas vueltas. Ella ya se
sentía mareada, cada vez que intentaba hacer algo, sentía que ya
era demasiado tarde. La vida no se paraba ni por un momento y la
felicidad no pudo subir a su rueda. La felicidad que estaba afuera no
la alcanzaba, pero la que estaba dentro daba vueltas con ella. Para
no marearse tanto, hay que dejar de mirar afuera y empezar mirar
adentro. Uno descubre más de lo que se podía imaginar. Ahí está
toda la felicidad que necesitas y puedes compartir.
Feliz Lunes de Compartir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario