Roberto llegaba a los sábados con el firme propósito
de no hacer nada. Después de una semana tan agitada, merecía un
descanso. Acostumbrado a levantarse temprano, no aguantaba mucho en
la cama. Al salir a buscar su sillón preferido, siempre encontraba
algo que mover, ordenar o limpiar. El camino que parecía tan corto,
se hacía tan largo. Y cuando por fin su cuerpo se sentaba, empezaba
volar la mente, dando mil vueltas a los diferentes asuntos y
problemas. Sentía que su “no hacer nada” lo cansaba mucho.
Aunque sea una vez por semana, busca la total quietud, para calmar tu
cuerpo y tu alma.
Feliz sábado de quietud.

No hay comentarios:
Publicar un comentario