Susana sentía un cansancio acumulado que se le clavaba en el
cuello y hombros. No era tanto la cantidad de cosas que tenía que
hacer, sino la monotonía de los trabajos repetidos, a la vuelta de
cada día, de cada semana. Y dependiendo como se sentía por dentro,
la sucesión de las obligaciones se convertía en un circulo vicioso
o virtuoso. El estado de ánimo puede convertir una aguja de dolor,
en una de acupuntura, una de ellas lastima, la otra relaja y cura.
Procura encontrar tiempo para ti. Algo exclusivo, que nadie pueda
invadir con sus exigencias. Haz un paseo, una buena caminata, mira la
naturaleza observa sus cambios y despeja tu mente.
Feliz jueves sin agujas de dolor.

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