miércoles, 21 de enero de 2015

Contraseñas

Alba desconfiaba de su ambiente. Rodeada de mucha gente, muchas veces vio traicionada su confianza. Lo que contaba en confianza, se repetía entre comentarios y risas burlonas, sin medir las consecuencias. Para que no le roben el resto de su intimidad, que identificaba con el alma, empezó poner la contraseña a todos los dispositivos que usaba para comunicarse y guardar sus cosas. Con el tiempo hubo tantas contraseñas, que a veces cuando tenía mucha prisa y se ponía nerviosa, se confundía y ni ella misma podía acceder a sus cosas. Lo peor de todo, hasta su corazón parecía tener una contraseña que nadie conocía y a ella con frecuencia se le olvidaba. Decían que su corazón era de piedra. No era cierto, pero sí, era difícil entrar en él. Protege tu intimidad pero sin demasiado blindaje, no te vuelvas una persona inalcanzable y dura.

Feliz Miércoles sin muchas contraseñas.

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