Alba desconfiaba de su ambiente. Rodeada de mucha
gente, muchas veces vio traicionada su confianza. Lo que contaba en
confianza, se repetía entre comentarios y risas burlonas, sin medir
las consecuencias. Para que no le roben el resto de su intimidad, que
identificaba con el alma, empezó poner la contraseña a todos los
dispositivos que usaba para comunicarse y guardar sus cosas. Con el
tiempo hubo tantas contraseñas, que a veces cuando tenía mucha
prisa y se ponía nerviosa, se confundía y ni ella misma podía
acceder a sus cosas. Lo peor de todo, hasta su corazón parecía
tener una contraseña que nadie conocía y a ella con frecuencia se
le olvidaba. Decían que su corazón era de piedra. No era cierto,
pero sí, era difícil entrar en él. Protege tu intimidad pero sin
demasiado blindaje, no te vuelvas una persona inalcanzable y dura.
Feliz Miércoles sin muchas contraseñas.

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