En la casa de Magda delante de la puerta del comedor,
había una percha en la que todos colgaban sus trabajos pendientes,
sus prisas aceleradas y sus rencores frescos. Es que su mesa no era
muy grande y todo eso no cabía en ella. Entre plato y plato cabían
palabras y brazos. Los teléfonos quedaban en silencio y los
corazones se ponían a todo volumen. Teniendo la mesa pequeña,
dejaba en ella lo esencial, lo que realmente alimenta. Todos estaban
lo suficiente cerca para sentir su presencia, su cercanía. Nadie
sentía austeridad, al contrario todos admiraban la abundancia. Pon
en tu mesa lo que alimenta el cuerpo y el espíritu.
Feliz Jueves de alimentar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario