sábado, 10 de enero de 2015

Estirando los brazos

Mabel sentía que sus brazos están demasiado cortos, para que pueda abrazar de una vez, todo lo que quiere y todo lo que es suyo. Ese era, según ella, el momento en el que ha alcanzado todo lo que buscaba. No quería que se le escape algo. Por más que estiraba los brazos, siempre algo quedaba suelto, haciendo mucho alboroto en el aire, como ruidosos pájaros que están jugueteando. La felicidad, el amor, no se detienen, no se esclavizan, al contrario se liberan, sueltan, para que vayan delante de nosotros por la vida. Al compartir con otros se multiplican, al intentar adueñarse de ellos se atrofian, encojen y secan. No cierres lo tuyo, liberalo.

Feliz sábado de compartir.

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