Mabel sentía que sus brazos están demasiado cortos,
para que pueda abrazar de una vez, todo lo que quiere y todo lo que
es suyo. Ese era, según ella, el momento en el que ha alcanzado todo
lo que buscaba. No quería que se le escape algo. Por más que
estiraba los brazos, siempre algo quedaba suelto, haciendo mucho
alboroto en el aire, como ruidosos pájaros que están jugueteando.
La felicidad, el amor, no se detienen, no se esclavizan, al contrario
se liberan, sueltan, para que vayan delante de nosotros por la vida.
Al compartir con otros se multiplican, al intentar adueñarse de
ellos se atrofian, encojen y secan. No cierres lo tuyo, liberalo.
Feliz sábado de compartir.

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