En la casa de abuelo Ignacio había palabras, que ya
nadie usaba. Abuelo las sacaba de vez en cuando, las sacudía y
guardaba en los cajones de su memoria. Cuando llegaban sus nietos,
que no conocían todavía, ni el correr de los relojes, ni
importancia de los teléfonos, el abuelo las sacaba y enhebraba con
hilos de sonrisas, creando historias coloridas, en las que todo era
posible. Todos tenemos palabras que escondemos, que nos gusta oír.
Hay que decirlas antes, para que el eco de cariño y amistad las
traiga de vuelta.
Feliz Viernes de Palabras.

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