Cerrada en su pequeño mundo, Mariela veía todo a
través de una ventana. Realmente su visión quedo tan reducida, que
no cabía en ella ninguna sorpresa. Las que atravesaban su campo de
visión, aparecían en él solo por un instante, como los pájaros en
el vuelo. Ni pudo darse cuenta cuando llegaban, porque ya se habían
ido. No se puede esperar grandes cosas mirando solo por una ventana,
rodeado de paredes de miedo. La felicidad está en el campo abierto.
Da un paseo, respira profundo, abre bien los ojos y encontrarás
miles de sorpresas y motivos de gratitud.
Feliz domingo de paseo.

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