Los años pasaban ya consciente de eso no pretendía detener el tiempo, pero
si había una cosa que quería retener salvarla tener siempre presente en su
vida. Era la capacidad de asombro. Algo tan propio y natural en los niños, que
con el paso de los años, por diferentes circunstancias, nos suele abandonar.
Para ella era como indicador de su salud de su energía vital. En cada día, cada
paseo, incluso en cada encuentro, buscaba algo que la pueda asombrar, hacer que
vibren dentro de ella aquellas cuerdas de alegría, de sorpresa, de frescor y
novedad. Porque aunque muchas cosas parecen iguales, para una persona atenta
siempre hay deferencias, matices que enriquecen y sacan de la monotonía. Revisa
tu capacidad de asombro, si se ha debilitado, haz todo lo posible para revivirla.
Es necesaria para vivir plenamente.
Feliz jueves de asombro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario