Sus
abuelos en aquellas tardes de frío afuera y calor por dentro con
luces de navidad que se reflejaban en sus ojos entre galleta y
galleta tomando un té caliente le daban los mejores consejos. El
ambiente de paz y tranquilidad ayudaba a escuchar, no tenía la
impresión de que le presentaban una lista de prohibiciones sino que
hablaban sobre su propia experiencia. Lo que decían con frecuencia
era que no se puede construir su propia felicidad sobre la desgracia
ajena sobre el sufrimiento de los otros, pues una felicidad así dura
muy poco. Se tambalea y siempre tiene en si la sombra de amenazas y
reclamos de los perjudicados. Decían que uno tiene que acostumbrarse
a cambios y a diferentes sabores así como cambia el tiempo, la
temperatura así cambian los sentimientos y estados de ánimo en la
vida. La sabiduría es aceptarlos con serenidad y vivir con una dosis
de paciencia esperando lo que está en la otra esquina del día o de
la semana. Y siempre hay algo bueno.
Feliz
miércoles de conversaciones y consejos.

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