No
eran perfectos, a veces incluso distaban mucho de la perfección. Tal
vez su principal valor consistía precisamente en eso que eran, que
estaban siempre ahí. Por más vueltas que daba la vida uno podía
siempre regresar con ellos y sentir hogar. Con la misma facilidad se
aceptaban las palabras como los silencios, las lágrimas como las
risas. Había espacio para descargar el peso de tantas cosas
acumuladas y una despensa de buenos sentimientos de la que uno podía
sacar todo lo que quería y en la cantidad que quería. Sin saber
mucho de medicina entre todos en la mesa en el salón o en la sombra
en el patio o en el jardín eran capaces de curar muchas heridas,
calmar muchas tormentas aunque a veces calmando unas desataban otras.
Su ser familia no respondía a ninguno de los modelos, a ninguno de
los manuales, pero era poblado de cariños que no siempre sabían de
expresar y vivir. Agradece y valora a tu familia entera o lo que
queda de ella, porque gracias a todo lo que ha pasado en tu vida,
ahora estás en donde estás y puedes seguir a donde crees que debes
sintiendo su presencia sintiendo hogar.
Feliz
sábado de familia.

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