No dejaban de sonar el aire sus
promesas mientras en la piel ya se sentía el frío aliento de
mentira. Tenía la mala costumbre de prometer a todos y no cumplir
con nadie. Se quedaba con la sensación de quedar bien delante de
alguien aunque esta sensación dure solo un instante. Para no le
lleguen los remordimientos, se involucraba en nuevas promesas en
nuevos compromisos, que entretenían por un rato dejando atrás los
anteriores sin haberlos tocado con un dedo. Esparciendo palabras,
incluso de las bonitas, se quedaba solo rodeado de reproches reclamos
y rencores. Las intenciones son normales pero no bastan. Se necesita
algo más que palabras por muy bellas que sean. Trata de prometer
menos cumplir más y no huir de compromisos viejos en nuevos, si a
los viejos aún no los has cerrado. La palabra cobra fuerza si viene
acompañada con los hechos intentos esfuerzos y sacrificios para
darle sentido y contenido.
Feliz domingo de promesas
cumplidas.

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