Esmeralda se
pasó la mitad de su vida acumulando cosas y angustiándose, que
había tantas, que le faltaban. Aunque la mayoría de las cosas que
tenía a lo sumo usaba dos o tres veces al año, querría tener más.
Según ella le iban a facilitar la vida, permitirán hacer todo más
rápido. Veía los anuncios e innumerables catálogos buscando
felicidad y paz aunque sean postizas. No encontraba más que promesas
con increíbles descuentos. Le prometían entrega inmediata a
domicilio, robando la paz y la capacidad de disfrute, pero eso ya es
otra historia. Las cosas que compramos a veces nos alejan y mutilan sensaciones
que dan sabor a la vida
Feliz
Miércoles de amasar la felicidad con la mano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario