martes, 3 de diciembre de 2013

Familia

Sus oídos atentos, captaban cada “te quiero”, que se colgaba en el aire. Las paredes, los techos de su casa, tenían muchas marcas de miradas de amor. Hasta las flores de jardín, sonreían al sol y agitándose esparcían aromas. En un hogar así se ablandaban todas las durezas de la vida, y los pesos de los problemas no pesaban tanto, porque se llevaban entre dos o tres. Se salía de la casa con la impaciencia colgada en la espalda, con la mochila vacía lista para recoger las experiencias. El cariño recibido y ofrecido empujaba para hacer las cosas necesarias con entrega y regresar a la fuente. Todo eso en mejor grupo - de gente única y selecta - llamado Familia.

Feliz Martes de endulzar nuestro hogar con miradas que dejan marcas de amor.

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