El abuelo
Lucas, siempre repetía la misma historia. Su gente aburrida, ya no
le hacía caso. La sabían de memoria, y no entendían por qué el
abuelo la cuenta una y otra vez. Como que no se dieron cuenta, que
las palabras era lo único que le amarraba al abuelo a la vida que se
le iba. Todo cambiaba tan deprisa que el abuelo Lucas perdía las
referencias y contaba su pasado para no perder su identidad. Una que
otra lagrima de emoción. Salaba y conservaba los recuerdos y ponía
las cosas y emociones en su justo lugar. Cuando los pies no responden
y no pueden correr las palabras vuelan.
Feliz Sábado
de Memorias.
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