Felipe
miraba mucho. Miraba la tele, el diario, la pantalla de su celular.
Le apasionaba el fútbol, seguía cada movimiento de los jugadores,
conocía de memoria sus historiales y equipos en los que jugaron.
Mucho alimento para un par de ojos... El día se hacía demasiado
corto para mirar todo. No le alcanzaba tiempo para mirar los rostros,
mucho menos los ojos de los que amaba. Lo que no miras lo ignoras.
Claro que quedaba el cariño, pero bajo un velo, que cubría los
detalles cada vez más ignorados. Después de un tiempo aparecían
las primeras sombras de tristeza.
Feliz
Viernes de Mirar los Rostros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario