Alfredo no
decía muchas palabras. La verborrea nunca lo afectaba, pero cuando
hablaba, a cada palabra le ponía un sentimiento, como un jinete que
cabalga sobre un caballo bronco. Los sentimientos llegaban así al
corazón de los que lo escuchaban. Se sorprendían, porque
descubrían, que dentro de este hombre tan tranquilo y pacifico por
fuera, había tempestades. Y como no estamos acostumbrados a escuchar
silencios, las pocas palabras que decía parecían tan cargadas de
sentimientos. Es bueno sentarse un fin de semana, no solo para
hablar, sino también para escuchar nuestros silencios.
Feliz Sábado
de Escucha.
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