Ramona a veces se levantaba temprano, querría adelantar todos sus
quehaceres para luego tener más tiempo. Siempre con la misma ilusión
que hoy le tocaba, que por fin llegaba su turno, pero parece que una
vez más no le alcanzaba. Lo único que esperaba y anhelaba era oír
una palabra de cariño de las gratuitas y espontaneas. Por falta de
estas palabras empezó fijarse más en los silencios y se sorprendió
al descubrir que su casa estaba llena de silencios cariñosos que
estaban esperando su turno para poder vestirse de palabras y gestos.
Feliz Domingo de Vestir de palabras los silencios.
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