La felicidad de Maribel
saltaba todo el tiempo. Cuando ella se daba cuenta de que estaba en
un lugar, la felicitad ya saltó a otro lugar. Así Maribel se pasaba
los días persiguiendo su felicidad. La querría estable,
domesticada, no tan imprevisible y andariega. La felicidad no le
hacía caso y andaba a su gusto y a su ritmo. Un día Maribel
encontró su amiga de infancia, que tenía en su casa, su felicidad
encerrada y domesticada. Viendo a su amiga sentada todos los días en
su sillón, aburrida y apagada, Maribel suspiro con alivio y
agradecimiento. Su felicidad tan inquieta la mantenía ocupada,
activa, viva, siempre con nuevos desafíos y sorpresas. La vida tiene
sabor cuando siempre esteras algo nuevo y no te asusta el cambio.
Feliz Miércoles de
Felicidad inquieta.
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