Esteban los besos los tenía en los ojos y abrazos en
los labios. Desde su silla de ruedas miraba con amor y acariciaba con
palabras. Su cuerpo huérfano de sensibilidad táctil, no dejaba de
sentir con el resto de sus sentidos. Era más sensible que muchos se
podrían imaginar. El percibía lo que los otros ignoraban. La música
que tanto le gustaba le hacía volar y bailar. Para la imaginación y
sueños no hay límites. No es necesario que los siga el cuerpo, pero
si es necesario y bueno, que los siga el espíritu.
Feliz Miércoles de Sensibilidad
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