Era un
hombre popular y exitoso siempre rodeado de una nube de aduladores.
Puede ser que en la casa ya nadie tomaba en serio sus palabras pero
en la calle la cosa era diferente. La gente busca ilusión y él las
daba con generosidad. Sus promesas eran como pompas de jabón,
hermosas y grandes pero de muy corta vida. Deslumbraba al principio
pero defraudaba al final. Y como a sus amigos les gustaba el efecto
inmediato le aplaudían inflaban más y más su ego sabiendo que un
día todo va a reventar.
Feliz Lunes
sin promesas huecas.
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