Los domingos tenían un sabor deferente en
la vida de Lupita. Siempre parecían anclados entre el pasado, que se
iba despacito, como sus abuelos y el lunes, que saltaba impaciente,
como un perrito que quiere salir de paseo con su dueño. Los domingos
la unían al resto de la Familia, que andaba dispersa, el resto de la
semana. Tenían sabor al chocolate y se llenaban de colores, como el
tianguis de su pueblo. Eran días especiales de sentarse en la mesa
sin prisa, de vivir la experiencia de la comunidad, lo que quiere
decir, sentir y descubrir, que siempre somos más de lo que pensamos
y nos parecemos más de lo que solemos suponer. Eran como los toques
de bajo, que marcan ritmo, a la música de la vida, para toda la
semana.
Feliz Domingo de sentirse Familia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario