Lo que ella no sabía es como empezar a
decírselo, pero sabía que no podía esperar más porque si no iba a
reventar. Hasta ahora ha tenido mucha paciencia, tal vez demasiada y
este era el problema, porque como no reaccionaba él tampoco cambiaba
de actitudes. Los límites tenían que poner uno de los dos o de
preferencia los dos en común acuerdo, para que nadie se siente
víctima de nadie. El silencio demasiado estirado como cualquier tipo
de material que estiramos llega a un ponto crítico en el que se
vuelve muy frágil y puede romperse causando mucho daño. Las
palabras alivian las tensiones, pueden aflojar y descomprimir lo que
estaba en el peligro de ruptura. Trata de no esperar demasiado para
decir las cosas que ves, sientes o lo que piensas y opinas. Que tus
palabras tengan sabor de un sincero compartir y no sean un desahogo
de quien ha llegado al límite y ya no aguanta más.
Feliz lunes de compartir palabras.

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