Algunos de sus días parecían redondos,
y rebotaban todo el intento de introducir algo nuevo. Su rutina
compacta era tan sólida que no se dejaba perforar por ninguna
novedad, demasiado rígida para absorber algún cambio que exige algo
de flexibilidad. Sentía desesperada que nada podrá cambiar y tendrá
que seguir así hasta el infinito, hasta donde aguante su cuerpo, que
cada vez más sentía el cansancio. A veces pensaba que bien le
podría hacer una caminata diaria o un poco de correr, pero no sabía
dónde encontrar el tiempo, lo mismo pasaba con eso de lectura o sus
increibles ganas de escribir. Nada de eso parecía posible por la
falta del tiempo. Aunque de vez en cuando sin saber no cómo, ni por
qué, sin saber si puede o no se ponía en el camino haciendo un
largo paseo del cual disfrutaba cada paso, cada vista, de repente
cerraba las puertas y las ventanas apagaba su celular y se quedaba en
la única compañía que le apetecía este día que era un libro. Lo
más curiosos de todo eso que el mundo no se acababa e igual cumplía
con sus obligaciones a las que regresaba con más alegría y mucho
más relajada. Trata de intentar y verás que se podrá.
Feliz jueves de romper la rutina.

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