Se preguntaba ¿por qué es tan cruel?
¿Por qué sus palabras pueden hacer tanto daño, causar tanto dolor?
Parecía una persona tan tranquila, tan pacífica, que sorprendían
las repentinas descargas de mal humor. Eran como los rayos de una
tormenta que de repente descargaban con furia toda su energía
acumulada. Al parecer todo obedecía a la conocida y antigua
estrategia según la cual “la mejor defensa es el ataque”.
Atacaba, así por lo menos desviaba la atención de sus carencias y
de sus vacíos a los que se tenía que enfrentar en la soledad de la
noche. Su almohada conocía sus suspiros y angustiosas preguntas que
como respuesta tenían un silencio ensordecedor que calaba hasta los
huesos. Ocupada en el ataque se liberaba aunque sea por un instante
de tantos miedos e inseguridades. Cuando encuentras personas así no
te quedes con la mala impresión causada por sus ataques. Trata de
descubrir e incluso a entender lo que han vivido para llegar a ser
así. Sus actitudes son consecuencias de una causa que está
escondida en el pasado. Curar las heridas profundas lleva mucho más
tiempo que las superficiales y muchos no se dan cuenta de su
existencia. Ten un poco de paciencia.
Feliz viernes de conocer heridas
profundas.

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