Tenía la costumbre de sentarse sola.
Esperaba que la inviten que pueda acercarse más y que así se
convierta en el centro de atención, pero eso ocurría muy pocas
veces por eso se quejaba de su falta de atención su frialdad,
incluso sospechaba que tal vez la están rechazando por algún motivo
que aun no conocía. Victima de los malos esperaba el aprecio de los
buenos y ese tardaba demasiado en llegar. La realidad era mucho más
simple de lo que ella imaginaba, obedecía a una sencilla regla de
reciprocidad: Lo que das te dan, así como tratas te tratan. Al
mantener la distancia imponía la distancia. Mantenerse en la espera
dejaba a todos en la espera. En pocas palabras simplemente cosechaba
lo que había sembrado y no había nada de los motivos ocultos que a
veces se escondían en su cabeza. Lo sabe hasta el más humilde
campesino que antes de cosechar hay que sembrar, nunca ocurre al
revés por más fértil que sea la tierra.
Feliz domingo de sembrar para preparar
la cosecha.

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