Sus recuerdos del pasado poco tenían
que ver con la inocencia infantil y un mundo lleno de imaginación
poblado de príncipes y princesas. Si algo poblaba su mundo y seguía
presente en su memoria eran los monstruos que siempre estaban al
acecho. En vez de juegos despreocupados, había constante amenaza de
que él va a regresar a la casa y volaran los puños en el aire.
Presentía que él no era malo, que malo lo hacía lo que tomaba
fuera de la casa. Los recuerdos de la extrema violencia se han
mezclado con algún recuerdo de la ternura, lo que confundía más y
daba más miedo. Han pasado los años y todavía no podía curar las
heridas de aquellos años de infancia. Hace mucho tiempo
desaparecieron los rasguños y los moretones, pero por dentro algo
seguía sangrando. Lo peor de todo una que otra vez envuelto en
algunos problemas, en algunas dificultades, que sentía que lo
superaban, en vez de buscar una solución, un camino de salida,
buscaba una botella. Repitiendo el mismo esquema del que quería
huir. Aunque en el pasado lo han lastimado, la responsabilidad hoy no
era de su padre alcohólico, sino de él mismo. Así como a veces se
le ocurría buscar una botella, debería ocurrirse buscar la ayuda
profesional, porque no siempre podemos solos con todo que nos afecta.
Necesitamos que alguien nos oriente, nos ayude, nos eche la mano.
Feliz viernes de buscar ayuda si es
necesario.

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