No le gustaba el invierno, el frío le hacía
temblar. Su resistencia se ponía al límite. Pensaba que no podía haber nada
peor, y había algo peor las frías miradas y palabras de él o a veces de ellos.
Estas que se calaban hasta los huesos y no querían salir del cuerpo ni del alma
incluso poniéndose al sol. No hay nada más frío que la indiferencia o el
olvido. No sirve de justificación que tenemos trabajo y no tenemos tiempo.
Puede pasar una vez porque no somos maquinas y realmente la tensión nos cierra,
nos inmoviliza. Cuando pasa muchas veces tiene que saltar la alarma. Necesitamos
calma y tiempo para reaccionar para descongelar las palabras, los gestos y las
miradas para que el cariño empape de nuevo las relaciones. No permitas que el
frío entre en tu vida, tu amor.
Feliz viernes de descongelar.

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