Tenía la sensación de que al final termina de ser
siempre lo mismo. Lo que provoca una desagradable impresión de estancamiento.
No encontraba la manera de avanzar. Porque le parecía que siempre hace lo mismo
y no consigue cambiar nada. Viendo las cosas de esta manera no quería dar el
siguiente paso, porque no tenía suficiente fe, suficiente convicción. El siguiente
paso puede ser diferente, todo depende de la actitud, de la convicción, de la
certeza de que el futuro puede ser diferente. Los grandes cambios empiezan por
los cambios pequeños, y antes de cualquier acción tiene que cambiar la
predisposición. Es bueno no solo fijar la mirada en el objetivo, sino tener la
capacidad de ver los pequeños cambios que tenemos al alcance de nuestras manos.
Cambios que se vuelven realidad con cada paso que damos con fe y seguridad,
convencidos de que es posible.
Feliz martes de convicción.

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