En su mundo había mucho ruido, tanto
que ya no le hacía caso. Se concentraba en otras cosas olvidando a
escuchar los que vivían cerca y lo más complicado de todo olvidaba
a escucharse a sí misma. El ruido invadía todo. Lo que le decían
era parte del ruido, lo que le decía su propio cuerpo también. Al
no escuchar nada ni a nadie vivía cada vez más desconectada de la
vida, de la gente, de su vida y de su gente y por lógica vivía
desconectada de ella misma. Ni se acordaba dónde ha dejado sus
sueños. La capacidad de escuchar está escaseando por lo mismo no
nos enteramos de muchas cosas, y muchas cosas están sin decir,
porque para qué hablar si nadie lo va a escuchar. Trata de practicar
la escucha empezando por ti misma/o por tu cuerpo, tus sentimientos.
No te desconectes tanto, no huyas.
Feliz domingo de escucha.

No hay comentarios:
Publicar un comentario