En su casa ha conocido la mano dura de la
autoridad. Se le castigaba por lo que hizo, por lo que no hizo y por lo que
podría hacer. Entre lágrimas sintiendo la injusticia en la mayoría de los casos
se juraba que cuando llegará a ser grande nunca lo va a hacer. Siendo adulto
trataba de entender ¿en qué consiste la autoridad? ¿Cuáles son sus
ingredientes? La primera cosa que descubrió que era un tema amplio al que se le
podía dar muchos enfoques y tratar desde diferentes ángulos. Algo bastante
obvio que no aportaba ninguna respuesta a sus muchas preguntas. En su mente
tuvo que separar la palabra autoridad del recuerdo de las palizas que le
proporcionaba su padre en su infancia, y de todas las imágenes de los gobiernos
corruptos del turno que se atribuían derecho de ofender la inteligencia de sus
ciudadanos en el nombre de mal entendida autoridad. Llegaba a entender que la
autoridad no era algo negativo y no era nada que tenía que temer. Tenía dos
ingredientes principales que era el respeto y conocimiento, luego el interés y
la libertad, búsqueda de la verdad y la serenidad. Uno tiene que respetar a
otros para respetarse a sí mismo, tener el verdadero conocimiento de la
situación de las diferentes realidades, interesarse por descubrir y conocer
todos los aspectos, actuar libre de rencores, sereno sin afán de desquitarse
con alguien sus propias frustraciones. Cuando se llega a este nivel, las
palabras dichas por una persona que cuida estos aspectos, sí tienen autoridad. Merece
la pena tomarlas en cuenta y muchas veces pueden servir de referencia.
Feliz domingo de autoridad.

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