Se desliza por el día que
empieza una pequeña esperanza. Es solo un pequeño brote una flor
que anuncia algo nuevo mucho más grande y bello, pero hay que saber
esperar creando y manteniendo condiciones favorables para su
desarrollo. A la esperanza no le gustan lluvias de tristeza, que
causan raudales de la desesperación capaces arrastrar todo lo que
encuentran en su camino. También la perjudican los vientos de enojo
que causan los remolinos de culpa que absorben todo, capaces de
arrancar desde la raíz lo que con tanto cuidado hemos cultivado en
nuestra vida. La esperanza hay que regarla con un poco de confianza,
un poco de serenidad y paz. Darle algo de sol de claridad para saber
lo que se espera y para que se espera. Dejando atrás las confusiones
de deseos despeinados que quieren todo y no procuran nada. La
esperanza como toda buena semilla, antes de producir frutos, necesita
su tiempo de reposo. Fundamental para recoger toda la energía
necesaria para el crecimiento. Cuida tu esperanza y crea las mejore
condiciones para su desarrollo.
Feliz domingo de la esperanza.

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