Las palabras iban y venían. Algunas pasaban apenas rozando su piel otros
escurría dejando una parce que en poco tiempo desaparecía. Había otras más que
se clavaban se metían en todos los silencios que había entre las conversaciones
y se hinchaban causando malestar y dolor. Otras como insectos nocturnos, se
activaban con las luces encendidas al final del día, cuando uno ya debería de
descansar y precisamente eso dificultaban o hasta impedían. Otras parecía
pomadas que aplicadas, curaban cada dolor, hacían cicatrizar a cada herida y
rescataban de cada soledad. Cada uno de nosotros ofrece y recibe las palabras.
Aunque carecen de campo magnético atraen y alejan otras. Tratemos de ofrecernos
las que ayudan y no las que perjudican. Seamos responsables por nuestras
palabras sabiendo que en otros pueden causar diferentes efectos. No todo
depende de nosotros, pero tampoco todo nos justifica. Hablemos como queremos
que nos hablen.
Feliz jueves de palabras.

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