Tengo
toda una colección de amaneceres durante esta estancia en Paraguay y
un que otro atardecer. Hubo días claros soleados y los bien regados
por lluvias y tormentas. Cada uno de ellos anunciaba unos encuentros
o presagiaba unas ausencias. Nos encontramos y reímos con los
presentes y lloramos por los ausentes, por los que ya partieron,
partiendo nuestras vidas y nuestro corazón en pedazos. Ellos de
repente se hacen presentes en conversaciones en miradas en lugares en
los que estamos. Haciéndose invisibles compañeros de nuestro viaje
de la vida. Es que cuando se trata del cariño y sentimientos
desaparecen las distancias y el tiempo ignora el calendario y sus
límites. Así que las ausencias se llenan de presencia y el corazón
de sentimientos. Hay momentos que siento que me faltan ojos para
mirar todo, me falta corazón para sentir todo y estomago para
saborear todo, pero igual me lleno absorbo todo lo que puedo para
llevarlo conmigo. Gracias a tantas personas por su cercanía, sus
gestos y sus palabras. Son el mejor alimento para el alma. Que sigan
los encuentros.
Feliz
domingo de presencia.

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