Andaba con mil cosas y a veces agarraba tanta velocidad, que
estaba en peligro de estrellarse, por suerte siempre tenía cerca
unos brazos, que servían de amortiguadores de todos los golpes y
choques de la vida. Hasta que el dolor en el pecho empezó dar
señales de que hay que cambiar de ritmo. Otra vez los mismos brazos
lo sostenían y animaban. Ni nos damos cuenta, que desde que llegamos
a este mundo, hasta nuestra partida siempre tenemos unos brazos, que
nos reciben, sostienen, apoyan. Solo cambian los dueños de los
brazos. Cuando están cerca, siempre estamos seguros.
Feliz Sábado de agradecimiento a l@s dueñ@s de los brazos que
están cerca
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