A
un paso de la felicidad se detenía mirando si no es una trampa, si
todo eso es para ella. Ya se acostumbro no aspirar, todavía no se
pudo desacostumbrar a respirar. Por su casa la felicidad no se ha
visto desde hace muchos años. Si recuerda, aunque ya es un recuerdo
borroso, aquella visita de su tía, que traía un regalo una muñeca
con su cajita y todo. Fue el único regalo que tuvo nuevo, el único
solo de ella. Ahora la sorpresa de poder ser feliz y el miedo de no
saber ser feliz. Se puede ser feliz sin tener que dar explicaciones.
Siempre existe la desesperada ansiedad, necesidad de quejarse. No
digas nada escucha a tu corazón, es feliz. Por una vez en la vida no
hagas caso, ni a tus nervios, ni a la gente amargada.
Feliz
Martes de escuchar que dice el corazón.
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