Entre tantos días ásperos entre semana, los domingos dejaba para
la suavidad. Sentía, que tiene que buscar un equilibrio entre las
prisas, los golpes de trabajo y destino, y la inactividad de los días
libres, sobre todo de los domingos. Querría, que sus domingos, en
los gestos y palabras estén como pétalos de rosa, que tocan pero no
lastiman. Solo uno se da cuenta, que le están rozando, si vive
atentamente. No esteraba nada más de la gente que la rodeaba, sino
la atención, a tanto cariño esparcido en el aire.
Feliz Domingo de la delicada suavidad en gestos y palabras.
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