No eran de grandes palabras, ni mucho menos
de discursos inspirados. A veces huían de la teoría. En ausencia de
grandes explicaciones, lo único que sabían, que les gustaba estar
juntos y hacer algo. Cuando lo hacían, el Absoluto pasaba cerca de
ellos y sonreía, aunque no se dejaba ver, todos lo sentían por un
instante. No era mucho, pero lo suficiente para sentirse comunidad y
abandonar el caparazón de la soledad para siempre.
Feliz Miércoles cosas pequeñas, que unen a
lo grande.
20 años haciendo la comunidad desde mi
ordenación
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