domingo, 4 de mayo de 2014

Huidas

Muchas veces viéndose atrapada, decidía huir. Al principio huía para esconderse detrás de su mama, o algún mueble grande de la casa. Al crecer más, huía más lejos, al cuarto vecino, a la huerta de la casa, siempre escondiéndose en algún lugar. Ya como persona adulta, dejó de correr para huir y no se escondía por fuera, empezó a esconderse por dentro, siempre con la misma esperanza, que los problemas no la van a encontrar ahí. Huía en el silencio, en la tristeza, en la soledad. Solo una conversación, una escucha, era capaz de traerla de regreso. Habla de los demás que tienes cerca habla siempre, habla escuchando todo que les pesa y evitarás sus constantes huidas.



Feliz Domingo sin huidas.



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