Muchas
veces viéndose atrapada, decidía huir. Al principio huía para
esconderse detrás de su mama, o algún mueble grande de la casa. Al
crecer más, huía más lejos, al cuarto vecino, a la huerta de la
casa, siempre escondiéndose en algún lugar. Ya como persona adulta,
dejó de correr para huir y no se escondía por fuera, empezó a
esconderse por dentro, siempre con la misma esperanza, que los
problemas no la van a encontrar ahí. Huía en el silencio, en la
tristeza, en la soledad. Solo una conversación, una escucha, era
capaz de traerla de regreso. Habla de los demás que tienes cerca
habla siempre, habla escuchando todo que les pesa y evitarás sus
constantes huidas.
Feliz
Domingo sin huidas.
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