Sabía que no se podía ni atrasar ni adelantar, que ahora era el
momento exacto. Eso no lo podía postergar pasar para otra fecha o
suspender. Tenía que ser ahora, no antes ni después, justo en este
momento, tenía que ser feliz. Solo parándose un rato podía
percibir esta maravillosa sensación de la felicidad que es como el
aire, que con su paño refresca tu rostro sudado por las prisas de la
vida y del trabajo. También es como la luz del sol que ilumina,
permitiendo a los ojos cansados ver cada detalle, cada matiz de la
realidad, ignorado por la falta de atención. Tu felicidad está más
cerca de lo que te puedes imaginar, en los pequeños detalles, en los
instantes fugaces de la vida que compartes con otros. Por eso no
esperes más hazle caso ahora. Se feliz sin más.
Feliz martes de ojos abiertos

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