domingo, 8 de noviembre de 2015

Sin lluvia de felicidad

A Elizabeth no le llovía la felicidad del cielo. Apenas unas gotas que le ayudaban a no olvidar cual era su sabor. No sabía lo que es la lluvia mansa, si algo llegaba, venía convertido en una tormenta que arrastraba con todo lo que encontraba en su camino. A veces se llevaba muy lejos la paz y la tranquilidad. Esos tardaban mucho en regresar. Toda esta realidad “climatológica” ha forjado el carácter de Elizabeth. Lo que a otros les venía sin ninguna dificultad, fluía hacia ellos como el agua en un arroyo, ella tenía que conquistar con mucho esfuerzo. En algunos casos parecía que arrancaba al destino pedazos de felicidad. Por eso era impulsiva y algunas de sus reacciones eran desmedidas. Los de fuera, los que la conocían poco, no entendían muchas de sus reacciones y la juzgaban a la ligera. Todos en la espalda cargamos nuestras historias, nuestras experiencias. Algunos cargan algo muy pesado, otros tal vez algo más ligero. No los juzgues viéndolos doblados, más bien intenta conocer su peso, su historia. En vez de juzgar ayuda a cargar, ayuda ser más feliz.

Feliz domingo de conocer los pesos que cargan otros.

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