A Elizabeth no le llovía la felicidad del cielo. Apenas unas
gotas que le ayudaban a no olvidar cual era su sabor. No sabía lo
que es la lluvia mansa, si algo llegaba, venía convertido en una
tormenta que arrastraba con todo lo que encontraba en su camino. A
veces se llevaba muy lejos la paz y la tranquilidad. Esos tardaban
mucho en regresar. Toda esta realidad “climatológica” ha forjado
el carácter de Elizabeth. Lo que a otros les venía sin ninguna
dificultad, fluía hacia ellos como el agua en un arroyo, ella tenía
que conquistar con mucho esfuerzo. En algunos casos parecía que
arrancaba al destino pedazos de felicidad. Por eso era impulsiva y
algunas de sus reacciones eran desmedidas. Los de fuera, los que la
conocían poco, no entendían muchas de sus reacciones y la juzgaban
a la ligera. Todos en la espalda cargamos nuestras historias,
nuestras experiencias. Algunos cargan algo muy pesado, otros tal vez
algo más ligero. No los juzgues viéndolos doblados, más bien
intenta conocer su peso, su historia. En vez de juzgar ayuda a
cargar, ayuda ser más feliz.
Feliz domingo de conocer los pesos que cargan otros.

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