No paraba el reloj y ella no paraba con él. El reloj de vez en
cuando recibía el mantenimiento, le cambiaban la pila o tiraban la
cuerda. Ella seguía sin eso con la fuerza gastada hasta el límite.
Su reloj siempre marcaba la hora exacta, no se atrasaba, ni se
adelantaba. Ella ya hace tiempo no era capaz de hacer nada con
exactitud, porque se cansancio y sus tensiones le impedían mantener
el ritmo y cuidado constante en sus trabajos obligaciones y
quehaceres de cada día. Eran muy inestables tanto su humor, como su
energía y su entusiasmo, lo que le dificultaba enfrentar nuevos
desafíos. Curiosamente sabemos cuidar de aparatos y maquinas,
cargamos sus baterías, hacemos el mantenimiento, pero al mismo
tiempo descuidamos a nosotros mismos, como si estuviéramos libres de
desgaste. Descansa, recupera el ritmo, atiende tus propias
necesidades.
Feliz domingo de “mantenimiento”.

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