Algunas palabras calan muy profundo, se incrustan en el interior
como si tuvieran ganchitos puntiagudos. Pasa el tiempo y ellas
quedan ahí, lastimando, incomodando como la piedra en un zapato. A
veces debilitan, desaniman, cortan la alas, impiden soñar en
plenitud. Y aunque no queremos, forman parte de nosotros mismos.
Crecemos con lo que nos dijeron nuestros padres, maestros, familiares
y amigos. Algunos tuvieron suerte crecer con palabras, que les
hicieron crecer dulcemente, llenos de confianza en si mismos. Otros
al contrario tienen que lidiar el resto de su vida con las fantasmas
del pasado. Aquellas palabras agrias y envenenadas, que a pesar de
los años, siguen lastimando y doliendo. Solo amor, cariño,
atención, puede ayudar a extirpar aquellas palabras dolorosas y
poner en su lugar palabras amorosas del mismo tamaño, que ocupen
todo el espacio que ocupaban las otras. Así se sanará el lugar,
dejando una pequeña cicatriz apenas perceptible. No hieras a nadie
con tus palabras,mas bien ayuda a corar a las personas heridas.
Feliz sábado de buenas palabras.

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