El regreso a la casa no fue algo que ella a esperado con alegría
e ilusión. Al contrario le provocaba mucho miedo, mucha ansiedad.
Ahí estaban los recuerdos, todas aquellos gritos, golpes y toda la
inseguridad que una niña no podía entender pero si podía sentir y
mucho. No recordaba tanto a su rostro, como a sus manos y esta voz
balbuceante con aliento alcohólico. No eran recuerdos agradables,
mucho tiempo se despertaba en la noche toda sudada. Difícilmente
podría confiar en un hombre, mucho menos permitir que la toque.
Algunas personas viven con y en esta memoria dolorosa mucho después
de la separación del que causaba tanto daño. La casa la llevamos en
nuestro corazón, en nuestra memoria, con todo lo bueno y malo que
vivimos en ella. Cuida tus buenos recuerdos, pero no juzgues mal a
los que no los tienen. Ayúdales tener nuevos y mejores.
Feliz sábado de crear mejores experiencias.

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